Mi cuaderno de campo lleva unos días contento. Durante tres días consecutivos hemos salido al campo a ver pájaros y a dibujar. Se que a mi cuaderno le gusta que le hagan cosquillas con el lápiz, y más, cuando nuestra relación llega al clímax. Esos momentos de trance en los que parece que todo fluya y los bocetos llenan una página tras otra. A diferencia de otras veces, me encontraba suelto con el trazo y, no por un empeño especial. Nunca termino de sacar las acuarelas a pesar de llevarlas siempre. Envidio a aquellos que las desenfundan con rapidez; aunque es cierto que me encuentro cómodo trabajando solo con el lápiz para captar con rapidez poses y detalles. Dar color entretiene demasiado. Ya estoy en el estudio coloreando casi a diario.
Los dos primeros días me aposté a orillas del Rosarito, que por estas fechas tiene mucho movimiento de patos en su subida hacia el norte. ánades rabudos, silbones, frisos, cercetas comunes, azulones y cucharas principalmente. A los rabudos les tenia ganas, por lo que les dediqué más tiempo la mañana del primer día. Quizá uno de los patos que más me gustan por llevar la elegancia con estilo. Por la tarde tocaba cercetas al no acercarse lo suficiente los del rabo largo. Y es que agazaparse en la orilla tapado parcialmente por una pequeña red y cuatro palos no da confianza a todo el mundo. De interés: el paso en vuelo de un trío de tarros canelos emitiendo su afónico reclamo.





La mañana del segundo día preferí montar mi escondite de tela. Amortigua el frío de la helada y los pájaros se confían más. Las cecetas fueron las primeras en acercarse y, en grupos compactos, no paraban de filtrar el agua de las orillas como si no hubiera tiempo que perder, y sin apenas despegar el pico del fango. En dos ocasiones levantaron un vuelo corto para echarse aguas adentro espantadas por el paso de una enorme hembra de halcón peregrino. Después de esto, un grupito estuvo sesteando un rato, para luego volver a la faena. A última hora empezaban a acercarse los rabudos y un nutrido grupo de grullas… cuando ya casi tocaba recoger. Un par de hojas de bocetos no es mucho, pero me pareció suficiente y más por el buen rato pasado.


El tercer día, lo pasamos tranquilos en nuestro terruño y, después de dar de comer a los pequeños vecinos alados, decidí echar un rato con ellos y hacer algún boceto. En esta ocasión apetecían trazos rápidos, despreocupados y sin ninguna pretensión de afinar en formas o detalles… solo por el disfrute. Queda poco para clausurar los comederos. Los pájaros ya llevan varios días muy nerviosos, y eso que reparto la comida por diferentes puntos para evitar riñas entre ellos. Síntoma de que la primavera se acerca. Hay que espaciar los aportes de comida y no quitárselo de golpe, sobre todo a los granívoros, que son los que ahora más dependencia tienen. Espero poder dibujarlos otro día, antes de dar por concluida la temporada de comederos.




Este es uno de los trepadores impacientes que no pueden esperar a que termine de servir la comida.