Pintor de Naturaleza, agropecuario y paseante. Wildlife artist and illustrator.

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FIO 2012

El próximo fin de semana se celebra en Monfragüe una nueva edición de la Feria Internacional de Turismo Ornitológico (FIO). Este enclave tiene para mí un sentimiento melancólico que arrastro desde hace mucho tiempo. Yo era entonces un “pimpollo” recién caído del guindo que devoraba campo hasta el empacho. Y aunque ya había perdido el virgo con anterioridad en un paradisiaco lugar a orillas de Guadyervas (un afluente del Tiétar), Monfragüe fue la cátedra…. y no sigo porque me pongo nostálgico. Era otro Monfragüe.

Yo estaré esos días por allí a pesar de no participar con stand como en la edición anterior, aunque algunas obras y publicaciones mías podrán verse por la feria. Si alguno se anima a acudir… por allí nos veremos con un cacho de queso de cabra fresco en una mano, uno de pan en la otra y los prismáticos colgados del cuello.

 

Cuaderno de campo contento

Mi cuaderno de campo lleva unos días contento. Durante tres días consecutivos hemos salido al campo a ver pájaros y a dibujar. Se que a mi cuaderno le gusta que le hagan cosquillas con el lápiz, y más, cuando nuestra relación llega al clímax. Esos momentos de trance en los que parece que todo fluya y los bocetos llenan una página tras otra. A diferencia de otras veces, me encontraba suelto con el trazo y, no por un empeño especial. Nunca termino de sacar las acuarelas a pesar de llevarlas siempre. Envidio a aquellos que las desenfundan con rapidez; aunque es cierto que me encuentro cómodo trabajando solo con el lápiz para captar con rapidez poses y detalles. Dar color entretiene demasiado. Ya estoy en el estudio coloreando casi a diario.

Los dos primeros días me aposté a orillas del Rosarito, que por estas fechas tiene mucho movimiento de patos en su subida hacia el norte. ánades rabudos, silbones, frisos, cercetas comunes, azulones y cucharas principalmente. A los rabudos les tenia ganas, por lo que les dediqué más tiempo la mañana del primer día. Quizá uno de los patos que más me gustan por llevar la elegancia con estilo. Por la tarde tocaba cercetas al no acercarse lo suficiente los del rabo largo. Y es que agazaparse en la orilla tapado parcialmente por una pequeña red y cuatro palos no da confianza a todo el mundo. De interés: el paso en vuelo de un trío de tarros canelos emitiendo su afónico reclamo.

La mañana del segundo día preferí montar mi escondite de tela. Amortigua el frío de la helada y los pájaros se confían más. Las cecetas fueron las primeras en acercarse y, en grupos compactos, no paraban de filtrar el agua de las orillas como si no hubiera tiempo que perder, y sin apenas despegar el pico del fango. En dos ocasiones levantaron un vuelo corto para echarse aguas adentro espantadas por el paso de una enorme hembra de halcón peregrino. Después de esto, un grupito estuvo sesteando un rato, para luego volver a la faena. A última hora empezaban a acercarse los rabudos y un nutrido grupo de grullas… cuando ya casi tocaba recoger. Un par de hojas de bocetos no es mucho, pero me pareció suficiente y más por el buen rato pasado.

El tercer día, lo pasamos tranquilos en nuestro terruño y, después de dar de comer a los pequeños vecinos alados, decidí echar un rato con ellos y hacer algún boceto. En esta ocasión apetecían trazos rápidos, despreocupados y sin ninguna pretensión de afinar en formas o detalles… solo por el disfrute. Queda poco para clausurar los comederos. Los pájaros ya llevan varios días muy nerviosos, y eso que reparto la comida por diferentes puntos para evitar riñas entre ellos. Síntoma de que la primavera se acerca. Hay que espaciar los aportes de comida y no quitárselo de golpe, sobre todo a los granívoros, que son los que ahora más dependencia tienen. Espero poder dibujarlos otro día, antes de dar por concluida la temporada de comederos.

Este es uno de los trepadores impacientes que no pueden esperar a que termine de servir la comida.

Lavanderas y cantos rodados

Aunque esta acuarela la comencé a mediados de enero, hasta ahora no he tenido ocasión de terminarla. La verdad es que no acostumbro a dejar obras a medio acabar, y suelo olvidarme de todo hasta no dar la última pincelada. Cuando una idea te ronda la cabeza y consigues por fin llevarla al papel, hay que llegar al final con todas las consecuencias. Un parón demasiado largo puede hacerte perder la “chispa”, terminando la obra casi más por obligación que por una inspiración ya disipada, y en el peor de los casos a engrosar la lista de obras inacabadas. Estas últimas son esas candidatas a esa costumbre mía de tirar a la papelera. Un intento fallido… es un intento fallido. En este caso y para disuadir cualquier tentación, la he tenido siempre presente en una de mis mesas de dibujo con todo el material desplegado, para hacerme creer que el tiempo transcurrido solo era un descanso entre sesión y sesión.

Los cantos rodados son muy comunes por esta comarca. Son la huella de las abundantes gargantas que bajan de la sierra, y que con el paso del tiempo, han dejado grandes extensiones de aluviones creando en ocasiones paisajes delirantes. Esta es una de esas composiciones que guardaba en mi cabeza. Y es que ver a estos siempre ocupados pajarillos moviéndose entre los “bolos”, y el juego de texturas y luces que despiertan estos cúmulos de piedras, se hace irresistible no llevarlo al papel. Realizado con mis pinceles planos habituales y con la inestimable ayuda de una esponja para recrear la textura de las piedras.

 

Acuarela en papel Arches. 72×56 cm.

Ranas y sapos

Tengo entre manos mi colaboración con la revista Pandilla que publica WWF España.  El eje central de esta entrega va dedicado a ranas y sapos. En la sección de “Detectives de campo”, como no podía ser de otra forma, acercamos a los jóvenes  naturalistas a este grupo de meditabundos animalitos. Como y donde buscarlos, como manejarlos en caso de capturar alguno, y sobre todo, aspectos de su morfología o costumbres determinantes para identificarlos. En definitiva, despertar una curiosidad respetuosa con estos seres, frecuentemente despreciados. Son indicadores silenciosos de la salud de un ecosistema e indiscutibles aliados del hombre. Un huerto con sapo… es un huerto libre de caracoles.

Aquí os muestro algunas de las ilustraciones para la ocasión, acompañadas por otras de otro número anterior dedicado solo a puestas y renacuajos (el cual todavía mantiene el texto de apoyo a mano alzada).

Aprovecho que la entrada va de anfibios, para mostraos una foto de la nueva charca para ranas y tritones que hemos hecho más cerca de la casa. Ideal para esos tritoncillos de tripa naranja. Actualmente se está llenando y, para un futuro próximo se esperan también como inquilinos: tritón pigmeo, salamandra común, gallipato, sapo común, las dos especies de ranitas arbóreas, rana común y cruzaremos los dedos con la rana patilarga. Menos esta última, el resto frecuentan los otros estanques y al final se irán arrimando poco a poco… incluso sus dos temidas especies de culebras acuáticas. La naturaleza se hace sola.

Nutria rompiendo el agua

En principio, para esta entrada tenía pensado escribir sobre lo que me rechinan a veces ciertos fotógrafos de naturaleza. Sobre todo algunos de última hornada, que se toman esto de fotografiar fauna como si de un acto de consumo se tratara. Este año las nutrias se han dejado ver peor, quizá por más visitas de las esperadas. Apenas tenían ganas de conversar. Y no sigo porque me conozco y me caliento. Creo que los acontecimientos de la naturaleza, hay que vivirlos y sentirlos… pero con humildad. Olvidándose de nombres científicos. Sintiendo a individuos y no especies. De esto, uno se da cuenta cuando puede compartir ratos y espacios con el resto de la vida que nos rodea. Cuando después de un tiempo sabes a que nutria le gusta pescar en tal o cual recodo, a cual de ellas, donde marcar sus dominios, tomar el sol o en que madriguera echarse una siesta. A cual de los trepadores azules les gusta más las pipas en un comedero u otro. Quién se lleva mal con los pinzones. Que carbonero  y herrerillo vienen a recibirme cuando me ven llegar. O que pareja de grullas, casi siempre con un pollo, vuelven todos los inviernos a comer a diario entre el mismo grupo de encinas. Lo sé , soy un afortunado y por eso entiendo en parte a algunos esos fotógrafos aunque en ocasiones me irriten.

Al final, siempre me quedo con lo bueno; con los ratos vividos en compañía de ciertos “no humanos”… entre ellos, las nutrias. Son gente divertida. A veces las veo nadar de una a otra parte del río, donde la corriente es lenta, rompiendo el espejo del agua y dejando una estela a su paso. En ocasiones pasan delante mío resoplando y como con prisa. Verlas venir de frente, después de no haber evitado llamarlas con ese silbido corto y agudo… no tiene precio. Al rato, ya demasiado cerca, se dan cuenta de que no olemos igual. Luego se alejan despacito y sin ruido, para seguir con su rutina río abajo.

Esta acuarela  está inspirada en uno de esos momentos. Sobre papel Arches y pintada solo con los los pinceles planos que podéis ver en la foto. Cada vez me siento más cómodo trabajando la acuarela con estos mejor que con los redondos. Son de pelo sintético que aguantan bien sin deformarse, teniendo una gran variedad de pinceladas, y para pintar agua son ideales.

Nota del autor: Esta foto me la ha hecho llegar recientemente una nutria… no sé con qué motivo.

Esta nutria salvaje no ha sido coaccionada para la instantánea.                           Foto del autor.

La guía interminable

A parte de la portada, recientemente he realizado algunas ilustraciones más para una guía de aves que parece no terminarse nunca. Esta vez sí, va la vencida… o eso creo. Habrá que cruzar los dedos y, esperemos que en un día no muy lejano vea la luz. Por otro lado se han aprovechado ilustraciones de otras publicaciones una vez “recicladas”. Es una de las ventajas de pintar en digital; te permite “sacar de contexto” una ilustración para adaptarla a su nuevo uso.

Aquí tenéis una pequeña muestra que espero os guste.

A ratos perdidos

Durante los pasados días que algunos denominan Navidad, y que intento en lo posible ignorar muy a pesar de los compromisos familiares obligados, siendo la excusa perfecta hacer honor a mis otras facetas de agropecuario y paseante. Abstraerse con la poda de frutales, algunos de los cuales rondan el medio siglo de vida y a los que hay que dedicar, con su permiso, casi una jornada de tijera. Plantar los ajos y dar labor de invierno a la tierra. Contemplar, despojado de la obsesiva visión como naturalista, el paso de las grullas en vuelo en formación con dirección al dormidero. Pasear por el bosque alfombrado de hojas de robles y castaños que rodea a mi pequeño terruño. Atraer con el silbido de llamada a páridos y demás vecinos que; pipas, cacahuetes y otras delicias están sirviéndose en sus comederos habituales, arremolinándose a mi alrededor y quitándose la vez unos a otros. Estas cosas me producen un autismo temporal donde tiene cabida la especie humana aunque me avergüence con demasiada frecuencia de pertenecer a ella.

Por otro lado, y aprovechando ratos perdidos he podido realizar algunas pequeñas acuarelas. Sesiones cortas, más que nada para satisfacer mi enfermiza dependencia por la pintura, de la que creo nunca me podré deshacer, aún sabiendo que me da aliento a pesar que en ocasiones me atormente.

En el filo de la papelera

Sigo llevando a papel algunas ideas que ronronean en mi cabeza. Esta acuarela, está inspirada en uno de mis bocetos realizados del natural durante el pasado mes de octubre. El resultado no es tal y como lo tenía en mi memoria, y es que mi reencuentro con la acuarela me está resultando un poco decepcionante. En otras circunstancias, ésta sería una firme candidata a terminar en la papelera después de romperla en mil pedazos. Esta práctica es muy común en mí, y después del sufrimiento, se convierte en una liberación que en ocasiones es incluso aconsejable. Al final se ha librado (de momento) y no sé muy bien porqué. Todo dependerá de que vuestro pulgar señale para arriba o para abajo.

Aprovecho la ocasión a pesar de mi indiferencia por las fiestas que se avecinan, para desearos mucha felicidad. Cada uno las disfrute como crea entender y evitando en lo posible los excesos.

Como me dijo en una ocasión un Petirrojo: “Cualquier día… un día… después de otro”.

Acuarela en papel Water Ford. 76×57 cm.

Vaciando ideas

Por fin ha llegado el momento de ir vaciando el cúmulo de ideas que se agolpan por los rincones de mi cabeza. A pasado tiempo desde mi última obra sin ningún tipo de ataduras o exigencias de guión. Al principio, con los primeros fondos, creía que ya se me había olvidado pintar a la acuarela. He sufrido ligeramente, pero poco apoco y a medida que la obra iba avanzando el pulso se relajaba. Ya hablaremos en otra entrada del sufrimiento de pintar y del “via crucis” que en ocasiones se padece.

Esta acuarela se gestó en una de mis esperas a las cigüeñas negras de finales de verano. Piedra, agua, y luz y un momento de vida.

Espero seguir sin prisa, pero sin pausa, ir desatascando esas ideas deseosas de ser plasmadas en un papel.

                    Acuarela en papel Arches. 41×31 cm.

Una de Nutrias

Durante esta semana y a ratos perdidos, he ido a visitar a mis queridas nutrias y… a intentar dibujarlas. Conviene antes de nada; conocer el sitio y saber por donde merodean para no estropear el factor sorpresa. Esto evita apariciones sorpresivas y  sustos innecesarios que luego ellas no perdonan, eludiendo así cualquier tipo de conversación. La primera mañana solo se dejó ver una, atareada marcando el territorio y, a la que apenas pude hacer un par de bocetos rápidos y temblorosos. Hay días que la mano no se encuentra a gusto.  Después de un rato de espera decidí retirarme, pues me di cuenta que la dirección del viento no favorecía. Después de una cagadita, se marchó río arriba. Un martín no paraba de pasar para asegurarse de salir en en el boceto.

La segunda mañana tuve más suerte. Entre unas piedras y en mi misma orilla una de ellas estaba afanada en la pesca. Se asomaba, nadaba al centro del río, cogía aire y se sumergía. Lo malo es que salía con su captura justo detrás de unas piedras donde se entretenía comiéndosela. La oía masticar y podía ver las ondas en el agua mientras lo hacía, pues no suelen salirse del agua completamente para comer. Al rato se asomaba y… otra vez a la faena. Era en esos momentos cuando podía observarla con un poco de tranquilidad y hacer algún boceto. Un par de zampullines chicos se dejaban llevar por la suave corriente mientras contemplaban con el cuello estirado como la nutria se comía un pez a pocos metros de ellos. Al pasar a mi lado ponían cara de: ” ¿pero tu has visto eso?”. Una pareja de milanos reales volaban cerca apoyados en una térmica.  Al rato la nutria dejó de salir y di por concluida la sesión.

Esta misma tarde me he acercado para ver sus salidas con las últimas horas del día. Buscaba ubicación río abajo donde tiene el territorio otra nutria y al poco de llegar, descubro agazapada entre unas piedras una joven grulla que aparentaba estar herida. Después de una foto rápida al llevar la cámara en ristre; tocaba quitarse la zamarra, echársela encima y salir corriendo a hacer las llamadas pertinentes para que vengan a recogerla los agentes de Seprona cuanto antes. El ala derecha rota, no se si por disparo o por colisión… mal asunto. Al menos que pueda tener una segunda oportunidad.

Espero volver para ver las nutrias y no encontrarme con episodios como estos.

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