Nutria rompiendo el agua
En principio, para esta entrada tenía pensado escribir sobre lo que me rechinan a veces ciertos fotógrafos de naturaleza. Sobre todo algunos de última hornada, que se toman esto de fotografiar fauna como si de un acto de consumo se tratara. Este año las nutrias se han dejado ver peor, quizá por más visitas de las esperadas. Apenas tenían ganas de conversar. Y no sigo porque me conozco y me caliento. Creo que los acontecimientos de la naturaleza, hay que vivirlos y sentirlos… pero con humildad. Olvidándose de nombres científicos. Sintiendo a individuos y no especies. De esto, uno se da cuenta cuando puede compartir ratos y espacios con el resto de la vida que nos rodea. Cuando después de un tiempo sabes a que nutria le gusta pescar en tal o cual recodo, a cual de ellas, donde marcar sus dominios, tomar el sol o en que madriguera echarse una siesta. A cual de los trepadores azules les gusta más las pipas en un comedero u otro. Quién se lleva mal con los pinzones. Que carbonero y herrerillo vienen a recibirme cuando me ven llegar. O que pareja de grullas, casi siempre con un pollo, vuelven todos los inviernos a comer a diario entre el mismo grupo de encinas. Lo sé , soy un afortunado y por eso entiendo en parte a algunos esos fotógrafos aunque en ocasiones me irriten.
Al final, siempre me quedo con lo bueno; con los ratos vividos en compañía de ciertos “no humanos”… entre ellos, las nutrias. Son gente divertida. A veces las veo nadar de una a otra parte del río, donde la corriente es lenta, rompiendo el espejo del agua y dejando una estela a su paso. En ocasiones pasan delante mío resoplando y como con prisa. Verlas venir de frente, después de no haber evitado llamarlas con ese silbido corto y agudo… no tiene precio. Al rato, ya demasiado cerca, se dan cuenta de que no olemos igual. Luego se alejan despacito y sin ruido, para seguir con su rutina río abajo.
Esta acuarela está inspirada en uno de esos momentos. Sobre papel Arches y pintada solo con los los pinceles planos que podéis ver en la foto. Cada vez me siento más cómodo trabajando la acuarela con estos mejor que con los redondos. Son de pelo sintético que aguantan bien sin deformarse, teniendo una gran variedad de pinceladas, y para pintar agua son ideales.
Nota del autor: Esta foto me la ha hecho llegar recientemente una nutria… no sé con qué motivo.
Esta nutria salvaje no ha sido coaccionada para la instantánea. Foto del autor.
La guía interminable
A parte de la portada, recientemente he realizado algunas ilustraciones más para una guía de aves que parece no terminarse nunca. Esta vez sí, va la vencida… o eso creo. Habrá que cruzar los dedos y, esperemos que en un día no muy lejano vea la luz. Por otro lado se han aprovechado ilustraciones de otras publicaciones una vez “recicladas”. Es una de las ventajas de pintar en digital; te permite “sacar de contexto” una ilustración para adaptarla a su nuevo uso.
Aquí tenéis una pequeña muestra que espero os guste.
A ratos perdidos
Durante los pasados días que algunos denominan Navidad, y que intento en lo posible ignorar muy a pesar de los compromisos familiares obligados, siendo la excusa perfecta hacer honor a mis otras facetas de agropecuario y paseante. Abstraerse con la poda de frutales, algunos de los cuales rondan el medio siglo de vida y a los que hay que dedicar, con su permiso, casi una jornada de tijera. Plantar los ajos y dar labor de invierno a la tierra. Contemplar, despojado de la obsesiva visión como naturalista, el paso de las grullas en vuelo en formación con dirección al dormidero. Pasear por el bosque alfombrado de hojas de robles y castaños que rodea a mi pequeño terruño. Atraer con el silbido de llamada a páridos y demás vecinos que; pipas, cacahuetes y otras delicias están sirviéndose en sus comederos habituales, arremolinándose a mi alrededor y quitándose la vez unos a otros. Estas cosas me producen un autismo temporal donde tiene cabida la especie humana aunque me avergüence con demasiada frecuencia de pertenecer a ella.
Por otro lado, y aprovechando ratos perdidos he podido realizar algunas pequeñas acuarelas. Sesiones cortas, más que nada para satisfacer mi enfermiza dependencia por la pintura, de la que creo nunca me podré deshacer, aún sabiendo que me da aliento a pesar que en ocasiones me atormente.










